Durante décadas, la violencia de los cárteles mexicanos ha sido impulsada en gran medida por la demanda del mercado de drogas de Estados Unidos. La competencia por el control de las rutas de tráfico hacia consumidores estadounidenses ha sido uno de los principales motores de la violencia extrema en gran parte del país. Los esfuerzos por encontrar soluciones se han centrado principalmente en la aplicación de la ley y la interrupción de la oferta.

Sin embargo, las muertes por sobredosis y los flujos de drogas transfronterizos han comenzado a disminuir en medio de cambios generacionales en la demanda. La economía criminal que sustenta la violencia en México podría estar entrando en una etapa de transformación significativa.

La naturaleza de lo que ofrecen estas organizaciones ha cambiado en respuesta a las transformaciones en los patrones de consumo en Estados Unidos. La demanda de marihuana traficada desde México cayó drásticamente a medida que la droga se legalizó o despenalizó en gran parte del país vecino. Al mismo tiempo, los opioides sintéticos se volvieron dominantes. El fentanilo, más barato de producir y exponencialmente más potente que la heroína, emergió como el producto central del mercado ilegal de opioides.

El debate de política pública se ha centrado principalmente en la oferta y la aplicación de la ley: seguridad fronteriza, desarticulación de cárteles, controles sobre precursores químicos e interdicción. Sin embargo, las tendencias recientes sugieren que las dinámicas que sustentan el comercio de drogas pueden estar cambiando de maneras que esos marcos no anticiparon.

Las cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos apuntan a descensos sustanciales en los flujos transfronterizos. El número de decomisos de fentanilo alcanzó su punto máximo en 2021 y desde entonces ha caído considerablemente. La cantidad de fentanilo incautada alcanzó un máximo de aproximadamente 12,100 kilogramos en 2023, pero para el año fiscal 2025 había caído a tan solo 5,200 kilogramos. Las intercepciones de enero de 2026 fueron 24% menores que las del mismo mes del año anterior.

Las muertes por sobredosis en Estados Unidos también han caído de forma pronunciada. Tras un aumento de aproximadamente 520% entre 1999 y 2023, datos provisionales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades indican que las muertes cayeron de un máximo histórico de alrededor de 110,000 en 2023 a un estimado de 68,000 en 2025, lo que representa el descenso sostenido más prolongado en décadas.

El descenso en las sobredosis no parece explicarse únicamente por la aplicación de la ley. Los expertos señalan el mayor acceso a tratamiento, la disponibilidad ampliada de naloxona y el financiamiento derivado de acuerdos judiciales con fabricantes de opioides. Pero uno de los cambios más significativos podría ser conductual: cada vez menos estadounidenses parecen estar iniciando el consumo de drogas.

Por quinto año consecutivo, una encuesta de referencia de la juventud estadounidense encontró que el descenso histórico en el consumo de sustancias entre adolescentes que comenzó durante la pandemia de COVID-19 se ha mantenido. El repunte postpandemia que se anticipaba nunca se materializó. Entre los adultos jóvenes de 20 a 29 años, investigadores en adicciones han documentado una reducción de aproximadamente 47% en el riesgo de sobredosis fatal.

Estos cambios tienen implicaciones importantes para el crimen organizado en México. Las organizaciones criminales se adaptan rápido a los mercados cambiantes. Si bien los decomisos de fentanilo han caído drásticamente, el volumen de cocaína incautada en la frontera aumentó 35% entre 2024 y 2025. La aparición del carfentanilo —un opioide sintético aproximadamente 100 veces más potente que el fentanilo— pone de manifiesto la capacidad de los traficantes para modificar sus productos: en 2025, el carfentanilo apareció en aproximadamente 1,400 reportes de laboratorio de la DEA, frente a solo 54 en 2022.

Una menor demanda en Estados Unidos no implica necesariamente una reducción correspondiente de la violencia en México. La contracción de los mercados puede intensificar la competencia entre grupos criminales si los cárteles se fragmentan o diversifican hacia fuentes alternativas de ingresos.

Las organizaciones criminales en México están expandiéndose hacia mercados delictivos internos. La tasa de narcomenudeo —la venta local de drogas— aumentó más de 10% el año pasado y se ha triplicado desde 2016. Entre 2016 y 2025, la prevalencia del consumo de drogas ilegales entre la población mexicana aumentó de 9.9% a 13.1%. Estos incrementos fueron impulsados principalmente por adultos, no por adolescentes: entre los jóvenes, el consumo disminuyó de 6.2% a 4.1% en el mismo periodo.

Si los patrones de demanda en Estados Unidos están cambiando, las organizaciones criminales continuarán adaptándose, reconfigurando sus redes de tráfico, sus mercados y sus patrones de violencia. La lección de política pública es más amplia que la sola aplicación de la ley en la frontera: las reducciones de largo plazo en la violencia podrán depender en igual medida de las condiciones sociales, económicas e institucionales que determinan la demanda de drogas.